FALTAN
Los Cabos B.C.S. a 18 de septiembre de 2016

Alza la mirada al horizonte

por
Federico Martínez
@apunte1916
Maratón Los Cabos
P
ocos hombres han transformado tanto Baja California Sur como el Padre Francisco Eusebio Kino. A finales del siglo XVII, en 1683, viajó a la península como cosmógrafo y misionero de una de las primeras expediciones que se hicieron a estas áridas tierras. A partir de entonces, realizó más de 40 viajes para evangelizar a los indígenas de la región. Su obra va más allá de su misión católica. Instaló por toda la región una gran cantidad de escuelas que propiciaron el desarrollo de la agricultura y la ganadería, además de realizar los primeros mapas de esta entidad y traducir textos del guaycura. Sin embargo, la vida en las aisladas tierras californianas nunca fue fácil para el Padre Kino. Muchos de sus esfuerzos, incluído el de fundar la primera misión de la entidad, nunca fueron bien vistos por los gobernadores de la Nueva España ni por la Corona Española. Los altos mandos juzgaban que la península era un territorio hóstil, con pocas riquezas y muchos riesgos. El padre Kino, consciente del valor que tenían estos pueblos, tanto en su naturaleza como en su gente, no dejó caer su honorable tarea. En sus hombros cargó el peso de un pueblo que hasta el día de hoy le honra. El escudo del municipio de Los Cabos hace homenaje a sus hermanos jesuitas que continuaron su camino. Murió en 1711 cerca de aquí, en Magdalena Sonora. Su recuerdo perdura hasta nuestros días en una hermosa leyenda. Venerado por los sudcalifornianos en las festividades de San Francisco Javier, se acostumbra rezar ante su figura de madera. Una vez que la persona ha terminado de orar y pedir, debe levantar al santo tomándolo por la cabeza. Si los ruegos son nobles, entonces la figura será ligera y se alzará sin problema, señal de que han sido escuchados. En cambio, si lo pedido no proviene de un sentimiento bondadoso, será imposible levantar la figura. Cuando llegues a Baja California Sur encontrarás ante tus ojos un desafío. Serán 42 kilómetros llenos de retos. Un calor agobiante, un desierto infinito y, por momentos, una soledad inmensa. Varios han claudicado, pero aquellos que como el Padre Kino han continuado en la lucha, encuentran como recopensa el cariño de todo un pueblo, que admira a quienes no desisten en alcanzar sus sueños. No importa cuan débil estés, alza la mirada al horizonte.