FALTAN
Los Cabos B.C.S. a 6 de septiembre de 2016

El Mechudo

por
Federico Martínez
@apunte1916
Maratón Los Cabos
E
l Maratón Los Cabos está por arrancar. Intensas rutinas físicas, duros ejercicios y rigurosa alimentación son parte de los sacrificios que los participantes hacen. Cientos vendrán hasta esta tierra para vencer, pero bien valdrá la pena recordarles que en la Península, la avaricia puede pagarse cara. El Golfo de Cortes, el acuario del mundo como lo llamó Jacques Cousteau, guarda en sus aguas multitud de tesoros. Quien se adentre en sus profundidades encontrará, entre otros maravillas, perlas resplandecientes. Cuenta la leyenda que el primero en hacerlo fue Joaquín Patroli, pescador que tuvo entre sus manos gran cantidad de perlas, muchas de las cuales ofreció a Nuestra Señora de Loreto. Años después, y antes de morir, Don Joaquín reveló a su joven hijo Ernesto el lugar exacto del que procedían esas perlas. Le habló de la riqueza que podía tener, al tiempo que le pidió que la primera pesca fuera ofrecida a la Virgen. Se dirigió entonces Ernesto al sitio, pero a sabiendas de que todas las perlas de ese día serían para la Virgen, pidió a sus hombres que solo sacaran una por cabeza. El más osado de ellos vociferó a todos los presentes “¡Puesto que todos van a sacar la concha de la Virgen yo voy a buscar la concha del Diablo!” y se adentró en las profundidades. Nadie más lo volvió a ver y muchos lo dieron por muerto, cosa nada extraña en esos océanos. Las 19 perlas obtenidas aquel día serían ofrecidas a Nuestra Señora de Loreto cuando la tripulación regresara a tierra. Al día siguiente, con la seguridad de que todo sería para él, Ernesto instruyó a sus hombres para sacar gran cantidad de perlas. Para su sopresa, cada uno de sus pescadores regresó despavorido y sin perla alguna. Decían haber visto un hombre encorvado, con mirada perdida y cabello larguísimo. El Mechudo buscaba desesperadamente la concha del diablo. La tripulación huyó de inmediato con las perlas obtenidas el día anterior como único tesoro. Tanta era la avaricia de Ernesto, que no reparó en detenerse ante la Virgen de Loreto. El vástago de Don Joaquín sabía que esas 19 perlas eran su única fortuna. Su codicia desató una tormenta terrible que sacudió todas las embarcaciones. En medio del temporal las perlas cayeron al mar, sin que Ernesto pudiera recuperarlas jamás. Muchos han ido en búsqueda de la perla del diablo. Unos salen aterrados, tras ver la figura del melenudo pescador en las profundidades, otros no se les ha vuelto a ver. Son víctimas de su avaricia. Quienes vengan a esta tierra deberán saber que los tesoros de estos mares, ya sean perlas o medallas, no pueden ostentarse con codicia, pues corren el riesgo de enfrentar la leyenda del Mechudo.